• Omar Ramos

¿Qué pasaría si diera reactivo a VIH?

Actualizado: 1 de oct de 2020

A dos años de estar en PrEP, mi perspectiva sobre el VIH, el sida y la pandemia ha cambiado radicalmente. Mi reacción sería muy distinta a la de hace un par de años.

Omar Ramos es director de comunicación de Salud Diversa, periodista, investigador y usuario de PrEP desde hace dos años.


Hace un par de días cumplí dos años de estar en PrEP, es decir, de tomar una pastilla todos los días para prevenir la infección de VIH, el método más eficaz en la historia frente a este virus. Estoy protegido en un 99% según la publicación de los Centros para el control y prevención de enfermedades en Estados Unidos, ya que mi adherencia al tratamiento ha sido casi perfecta; en esos dos años, solo dos días he olvidado tomar la pastilla. Al estar en PrEP hay una probabilidad, prácticamente imposible, pero existente, de contraer VIH. La probabilidad aumentaría si abandonara la PrEP o si otra pandemia mundial como la de Covid-19 me dejara sin medicamento (cosa que pudo haber pasado, pero lo evité por todos los medios) y entonces es inevitable preguntarme ¿Qué pasaría si diera reactivo a VIH estos días?


De entrada formularme la pregunta ya es un avance importante. Durante casi 20 años, el simple hecho de plantearme esa posibilidad me causaba una angustia muy profunda, por lo cual el escenario siempre era eliminado; la prueba tenía que ser negativa, de lo contrario, mi mundo se derrumbaría en un instante. Ahora, puedo aceptar con más tranquilidad que la posibilidad de contraer VIH está presente, porque formo parte de una “población clave”, es decir, un hombre que tiene sexo con hombres y por la naturaleza de nuestros encuentros sexuales, las probabilidades de transmisión son mayores. Hago todo lo que está en mí para evitarlo: estar en PrEP, tener una lubricación adecuada, usar condón en la mayoría de mis prácticas sexuales. He decidido no atormentarme más, vivir mi sexualidad a plenitud, sin miedos ni culpas. Aceptar que la posibilidad está ahí forma parte de esta nueva paz.


Llegar a ese punto no fue tarea sencilla. Requirió de un proceso terapéutico importante, para reducir a niveles muy considerables mi nosofobia (el miedo irracional a contraer VIH), derivado del trauma generado por los medios de comunicación y la sociedad homofóbica en su abordaje del VIH y del sida (la cinta Philadelphia, la canción “El gran varón”, etc.). También contribuyó en gran parte Gabriel J. Martín y su libro “Quiérete mucho maricón”. El trabajo de Gabriel en favor de los hombres gays es monumental. A mí simplemente me cambió la vida para bien.


Con el proceso terapéutico y los libros de Gabriel conocí los términos nosofobia, homofobia interiorizada, sexofobia y serofobia, por lo cual puede comenzar a dotarme de herramientas para combatir dichos problemas. En el camino entendí algo fundamental: mientras exista consentimiento, lo que pase en las prácticas sexuales es responsabilidad de cada persona. Uno de los cambios más importantes si hoy diera reactivo a VIH, sería que no tendría la necesidad de culpar a nadie por el resultado, me resultaría ridículo ubicarme como víctima. Si diera reactivo a VIH, el primer pensamiento que vendría a mi cabeza es que hice todo lo posible para evitarlo, si aún así ocurrió, ya no pensaría que fue un castigo por ser gay, porque he resuelto mi homofobia interiorizada; tampoco pensaría que me lo gané por “puta”, porque también ya he trabajado mi sexofobia y el mundo no se me derrumbaría en un instante porque he combatido mi serofobia con información.


Si en mi siguiente prueba de detección diera reactivo a VIH, también me sentiría más tranquilo porque sé que no estoy solo. Porque ahora sé que hay espacios y personas que han hecho una labor sobresaliente por informar y trabajar en respuesta al VIH. Sé que existen espacios como el Centro comunitario de atención a la diversidad sexual en la Ciudad de México, organizaciones de la sociedad civil como Inspira o México Vivo, activistas que han hecho un trabajo de años como Abel Quiroga, Rodrigo Moheno, Aaron Rojas, Marco Palet o Luis Manuel Arellano, que siempre están buscando ofrecer alternativas para que todos estemos mejor protegidos frente a un virus que no solo afecta en lo físico, sino en lo emocional.


La simple idea de hacerme una prueba de VIH ha cambiado en su totalidad. De los horrendos laboratorios privados (que por ética deberían de ofrecer consejería en sus pruebas de ITS, ya que a diferencia de sus otros exámenes de laboratorio, estas infecciones cargan con un fuerte estigma), pasé al mencionado Centro para la diversidad sexual, luego a México Vivo y ahora tengo la posibilidad de realizarme la prueba en Salud Diversa, la clínica privada que hemos creado un servidor, el psicólogo John Hincapié, el médico Gabriel Hernández, otro par de hombres gays, los mejores en lo que hacen, por lo cual no podría estar en mejores manos. Si mi resultado diera reactivo, me enlazaría directamente a buscar mi tratamiento antirretroviral y ser indetectable en el menor tiempo posible.

Si mi siguiente detección de VIH (que será en un par de semanas) diera un resultado reactivo, estaría más tranquilo, teniendo la información de mi lado. Y también agradecido, por vivir en tiempos donde la ciencia y la medicina han tenido avances tan importantes que me permitirían tener una calidad de vida. Esta por supuesto es una reflexión desde mi realidad, que ojalá ayude a otros hombres gays en la misma circunstancia. Si necesitas ayuda, puedes acudir a cualquiera de las organizaciones antes mencionadas o escribirme un mensaje directo. Solo juntos, sumando esfuerzos y generando opciones, podremos hacer frente al VIH.

Fuentes:

Centros para el control y la prevención de enfermedades

https://www.cdc.gov/hiv/spanish/basics/prep.html

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